17 diciembre 2010

Palabras para quién todavía no es


Primero que nada miedo.
De no poder darle todo y más. De transmitirle mis dudas, mis conflictos irresolutos, mi inmadurez.
Del compromiso, de no poder abandonar, de la responsabilidad para toda la vida.
Al deber compartido, a la decisión correcta, a mi insensata incompetencia.

No me decido si decirle  tirana  o sabia a esta naturaleza que nos instala un reloj biológico que comienza su cuenta regresiva en el momento en el que ponemos un pie sobre este planeta.

Ayer nació el primer hijo de la hermana de una amiga de infancia, la cual, a su vez, también está embarazada.
Otras dos amigas de infancia tuvieron hijos este año, una el segundo, la segunda el primero.
Otra está embarazada, otros amigos de acá tuvieron una hace poquito y la vamos a conocer el sábado. Nuevas vidas todo a mi alrededor.

Tengo a mi sobrinita (¿los hijos de los primos son sobrinos?) que me ilumina el día cuando la veo. Y a los otros que están demasiado lejos.
Pero yo no sé si quiero. Yo no sé si puedo.

Escuché varias veces el argumento que empieza por « egoísta » a quienes deciden no tener hijos pero yo casi que diría lo opuesto: « sincero ». Quizás las dudas son mayores que las certezas y toman la sabia decisión de no procrear.
Yo no estoy lista y no sé si lo estaré en algún momento. Pienso en mi vida, en mis prioridades, en mis incertidumbres y nada encaja. Menos otra vida.

Yo a un hijo quisiera transmitirle todo lo que tuve yo, y más. Quiero un amor incondicional, quiero paciencia infinita, quiero enseñarle todo lo que sé y aprender juntos mucho más. Quiero darle libertad para que explore, para que descubra este mundo loco, absurdo y maravilloso. Quiero estar siempre para él, para dar respuestas, amor, contención, coraje. Quiero protegerlo sin asfixiarlo, acobijarlo cuando hace frío. Quiero que nos divirtamos juntos, que pensemos juntos, que descubramos juntos. Quiero que vivamos juntos esta aventura de por vida, que aprendamos de cada etapa, él conmigo, yo con él. Quiero que construyamos un eslabón irrompible en la cadena de relaciones con los demás. Quiero que tenga un padre presente, amoroso, protector, seguro, tranquilo, que le muestre otros puntos de vista, que le cuente otros cuentos, que le enseñe otros juegos. Pero, por sobre todas las cosas, quiero que emprendamos esta aventura de a dos, porque se necesitan dos para hacerlo, porque de a dos somos más fuertes, porque dos corazones aman más fuerte.

Todavía no existís pero esperame, al final de cuentas, siempre fui lenta.





No te preocupes, mon chéri, sólo escribo en voz alta.
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